La ciudad de los leones

Hacía ya un par de meses que no salíamos del país, así que tocaba hacer una escapada para seguir aprovechando la oportunidad que tenemos de poder conocer los diferentes países del sudeste asiático. Esta vez decidimos pasar el fin de semana en Singapur, cuyo nombre significa “ciudad de los leones”.

Esta ciudad-estado no se parece absolutamente en nada a cualquier otro país de los que hemos visitado por la zona. El orden, la limpieza, las normas, el tráfico fluido y controlado, la escasez de pobreza…eran cosas que nos quedaban a años luz y prácticamente habíamos olvidado.

El viernes llegamos ya de noche, así que aprovechamos que nuestro hostal estaba en pleno downtown, para ir a tomar algo a Clarke Quay, una zona de terrazas y bares muy animada a la orilla del río, desde donde veíamos los enormes rascacielos y el hotel Marina Bay asomando por encima.  Tuvimo “suerte” y encontramos una bonita terraza con Happy Hour, en la que las cervezas costaban 9 dólares…chollazo vamos.

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El sábado pasamos la mañana en la famosa calle de Orchard Road, con gigantescos centros comerciales (en uno nos perdimos hasta 3 veces, increíble) y tiendas a cada paso. Es digna de ver, los edificios son impresionantes, tanto por dentro como por fuera.

Después, visitamos el barrio árabe, Arab Quarter, con casas bajas de diferentes colores y una enorme mezquita en el centro, rodeada de calles peatonales con diferentes tiendas y puestos de comida. En este barrio se concentra la mayoría de la población malaya de la ciudad.

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Para mi gusto, una de las mejores cosas de Singapur es su carácter multicultural. En esta ciudad conviven en su mayoría chinos, indios y malayos, además de una gran masa de trabajadores expatriados. Esta mezcla ha hecho que en la ciudad se hayan creado pequeños barrios muy característicos

El sábado por la tarde lo dedicamos a los alrededores del complejo Marina Bay, donde se encuentran unos inmensos jardines llamados Gardens by the Bay, con un toque futurista y realmente bien cuidados. En esta zona, además de la parte al aire libre, hay un par de cúpulas enormes a modo de invernaderos, con muchísimas variedades de plantas de diferentes partes del mundo.

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Tras la visita, cruzamos por el interior del hotel hasta el centro comercial de lujo en cuyo interior se encuentra el casino. Aprovechamos que era gratis para los extranjeros y entramos a conocerlo, inmenso.

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Al caer la tarde, nos asomamos a la bahía, un lugar precioso desde donde se podía ver perfectamente el complejo cultural Esplanade, un edificio con forma de durian (una fruta asiática muy típica que huele muy mal) que contiene una sala de conciertos y un teatro, entre otros; el Singapore Flyer, la noria estilo London Eye; el Helix Bridge, un puente futurista en forma de espiral; y los rascacielos de la zona financiera. Las vistas eran inmejorables, y al caer la noche con los edificios iluminados más aún.

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Desde allí vimos el espectáculo de fuegos artificiales que se realiza todos los sábados desde mayo como preparación para el Día Nacional que se celebrará el 9 de agosto. Tras los fuegos, nos quedamos a ver otro espectáculo de agua, luces, música y fuego, un tanto extraño pero bonito de ver.

Para acabar el día, cenamos en Lau Pa Sat, el primer Food Court que abrieron en la ciudad, en un mercado parecido al de San Miguel de Madrid, pero al estilo asiático.

El domingo por la mañana tuvimos nuestro momento freak/divertido sacando mil fotos en el Alive Museum, una de estas cosas que le encanta hacer a los asiáticos, y que sinceramente no merece mucho la pena.

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Finalmente, tuvimos tiempo de pasarnos por Little India y Chinatown, cada una con sus peculiaridades, pero sin perder la esencia de Singapur: todo limpio, ordenado y muy cuidado. Difícil de comparar a cualquier otro barrio indio o chino de otras ciudades.

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En general, Singapur es una ciudad muy agradable para visitar (exceptuando los precios en algunos casos desorbitados), es un oasis de civilización dentro del caos asiático. Sin embargo, tanta perfección hace que todo parezca de mentira, en ocasiones resulta bastante artificial, por lo que nos ha gustado para escapada de finde pero seguimos prefiriendo la naturalidad/locura de nuestro querido Ho Chi.

Fin de semana en Phu Quoc

Llevábamos tiempo queriendo hacer esta escapada, y por fin hace un par de semanas nos fuimos a pasar el finde a Phu Quoc, la isla más grande de Vietnam. Está situada al sur del país, a tan sólo 40 minutos de avión de Ho Chi Minh, y muy muy cerca de Camboya.

Aterrizamos en Phu Quoc el viernes tarde/noche lloviendo a mares, acompañados esta vez de Jose, nuestro amigo gaditano. Habíamos reservado un par de cabañas en un hostal normalito, cerca de la playa y de la única “ciudad” aparente en la isla, Duong Dong. Sigue leyendo

Filipinas, el paraíso

Si algo teníamos claro desde el principio es que uno de los viajes “largos” de este año sería a Filipinas.Palawan map

A pesar de ser un país formado por más de 7.000 islas, que se dice pronto, decidimos centrarnos en la isla de Palawan. ¿Por qué? Ante todo queríamos ir a El Nido, ese pequeño pueblo pesquero del que todo el mundo hablaba maravillas.

Incluso alguien me dijo que pensaba jubilarse allí y montar un puesto de paella y sangría jaja buenas referencias.

Así, el 26 de abril, acompañados esta vez por mi compi de la oficina, pusimos rumbo al país vecino. Sigue leyendo

25 Primaveras en Bali

Así soy yo. No se me ocurrió mejor sitio para celebrar mi cuarto de siglo que Indonesia, concretamente Bali. La elección no fue fácil (en esta parte del mundo cualquier sitio apetece) pero sin duda fue la mejor.

Fue un viaje corto pero aprovechado al máximo, pocas horas de sueño y muchas de recorrer la isla. Y es que Bali tiene mil rincones que ver, a cada cual más impresionante.

Al contrario de lo que mucha gente piensa (yo la primera hasta empezar a informarme), Bali no es un destino de “sol y playa”. Cuando imaginas Bali piensas en playas, arenas blancas, aguas cristalinas, y no bajarte de la tumbona en una semana. ERROR.

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Delta del Mekong

“Cuando vives en Ho Chi Minh, es necesario salir de la ciudad al menos una vez al mes si no quieres volverte loco.”

Eso es lo que nos dijo nuestro jefe la primera semana, aunque personalmente aún no he sentido esa necesidad de escapar. Sin embargo, Vietnam es tan grande y tiene tanto que ofrecer, que cualquier excusa es buena para aprovechar el fin de semana y conocer lugares nuevos.

Esta vez (y haciendo honor al nombre del blog :D) nos fuimos hacia el sur, al delta del río Mekong. Tras poco más de 3 horas de autobús llegamos a Cần Thơ, la cuarta ciudad más grande de Vietnam, y la mayor de la zona del delta con más de 1 millón de habitantes.

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